El Amor y la Muerte solo ocurren una vez

Por Amalia Pérez Mejía

Ella mueve las caderas con lentitud en un sensual vaivén que concita la atención de quien la mira, eleva cada paso como si el mundo le pertenece, mientras va caminando por la acera, seis tipos que están jugando dominó se voltean a ver la señora que camina con pasos firmes, y se miran entre ellos con cierta lascividad. Hasta que uno se atreve a hablar, “pero porque esa mujer tan buena no tiene marido”, entonces el anotador dice, “él se buscó una menorcita”, ¿cómo?, dice el frente, “pero su esposo es mayor que ella”, “bueno tú sabes cómo son los hombres le gustan sus muchachonas, son el viagra para combatir la edad”, pero como va hacer que ese hombre cambió esa estrella, ¡debe estar loco!

Continuaron jugando, pero ya todos desconcentrados, la conversación se extiende y el vecindario entero saca la cabeza para ver el vaivén cadencioso de Anita, ella no se detiene y sin embargo sabe que todos los ojos están puestos en ella, no sabe si la están criticando o compadeciendo, en realidad ya no estaba despechada y cualquier cosa era un elemento más para reforzar el placer que sentía por la decisión tomada por su marido. Se había hecho dueña de sí, aunque en su momento estuvo profundamente lastimada, decidió continuar con su vida.

Había dedicado tiempos a esa relación, procreado dos hijos y fundado un imperio económico, el cual en estos momentos estaban en partición de herederos, otra cosa que había invertido había sido en su cuerpo, pues uno de los mejores cirujanos estéticos del país le realizó una de las mejores cirujanas esculturales para aumentar el busto, disminuir las caderas, elevar un poco más el derriere y ampliar su sonrisa con unos labios estirados pero carnosos. Una verdadera “muñeca”, con su melena recogida parecía a “Madame de pompadour” caminando por las calles de parís.

Habían transcurrido dos años desde que Luis decidió marcharse de la casa con su “menorcita”, y un año del sometimiento de Anita a los procesos quirúrgicos estéticos, justo el día 10 de mayo, se sometió a la cirugía y el día 10 mayo decidió poner su belleza “al servicio”. El resto del tiempo es desconocido, incluso para sus hijos, Anita desapareció de la faz de la tierra, se colocaron anuncios de periódicos, en las redes sociales, en la televisión, el vecindario hizo una procesión y prendieron velas para que aparezca en algún lugar. Todos los esfuerzos fueron en vano, ella estaba pulverizada, imposible encontrarla sus partículas no estaban visibles, apareció cuando estaba lista para dar su cara al sol, sin la pena y sin la vergüenza.
Ella sabe que hizo una inversión inadecuada, que no necesitaba arreglar el cuerpo para sobreponerse al despecho, que lo que tenía que arreglar era su alma, ese nuevo look no hizo que Luis volviera cuando se “bisturiso” corto cada parte de su cuerpo, pero olvidó cortar el apego y la baja autoestima, nadie sabe el destino que corrió en su ausencia, solo ella comprende la metamorfosis y solo ella es consciente de cómo se siente, los demás ven el brillo y la luz que emana de los movimientos involuntarios de sus caderas.

Luis decidió volver cuando se dio cuenta que estaba viviendo una pasión de momento con la joven muchacha y quiso regresar con la madre de sus hijos, pero ya era muy tarde, ya nada la hacía volver atrás, ya había pulido el naife que llevaba dentro, no le importaban las tetas grandes, ni el trasero voluminoso, era consciente de que ese dinero invertido fue innecesario, su valor como mujer era su mayor tesoro, su gran conquista, su mejor logro. Había rasgado el velo que le ataba a un lazo que se había quebrado, sabía que la vida le abrazaba con nuevos sueños, ahora era dueña de sí, ya no tenía interés de que nadie le recordara que “necesitaba media naranja”, se veía integra, completa hermosa y plena.

Zygmunt Bauman en su libro “Amor Liquido” cita que el amor y la muerte funcionan en sí mismo sin aplazamiento y sin admitir repetición, ambas nacen por vez primera, o vuelven a nacer, haciendo acto de aparición de la nada, de las tinieblas y del no ser, las mismas comienzan desde el principio y dejan al desnudo la superfluidad y la vanidad de todos los argumentos pasados o futuros. Sostiene que en el amor y en la muerte es imposible que podamos entrar dos veces y que son a su vez su propia cara y su propia cruz de la moneda, despreciando e ignorando todo lo que se involucra.

Dice el famoso sociólogo que la tendencia es a devanarse los sesos buscando explicación, que además se intentará buscar el rastro en la genealogía para poder darle sentido al evento que en el amor ocurre, y por supuesto la necesidad de la incesante búsqueda para el consuelo. En el amor líquido este autor, nos quiere decir que: en este momento de la historia, buscaremos una y mil formas para encontrar respuestas a nuestros desvaríos. Por eso apelamos a tantos elementos y conceptos superfluos para la conquista, ignorando que es solo una impresión momentánea que se desvanecerá porque no hay liquidez.

Anita se esculturiza para reconquistar al hombre que la abandonó por una mujer treinta años menor, en ese momento de desesperación por la pérdida de su esposo era capaz de todo para volver a echarse en sus brazos. sin embargo, después de un tiempo, cuando ella reaparece, entonces es él quien la busca desesperadamente y ella no regresa a pesar de la inversión a la belleza, decidió que no quiere volver a esa vida.

Todo puede cambiar de un momento a otro, ella se dio cuenta que la belleza estaba en su interior y cuando decidió esculpirla, se encontró con su más grande amor, ese que está ahí en el fondo del ser, sucedió lo que dice el propio Bauman, “siempre estamos listos para cambiar la sintonía en el momento que sea requerido, como un líquido en un vaso que un ligero empujón cambia la forma del agua, nadie puede estar seguro en cualquier momento se pierden los logros conquistados de toda la vida.

¡El amor y la muerte solo ocurren una vez y no existe manera humana posible de hacerlo volver!

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