La vejez una opción poco apreciada

La Vejez una Opción poco Apreciada

Por: Amalia Perez Mejía

¿Puedes caminar un poco más rápido?

Doña Lala trata de acelerar el paso, pero sus piernas cansadas y llenas de varices no les permiten avanzar al paso que demanda su vigorosa nieta de veintitrés años que camina muy ágil, mientras va testeando su teléfono de vez en cuando vuelve la mirada para cerciorarse de que su abuela está cerca.

La señora cada vez más agitada continúa la marcha para que su nieta Anita no se vaya a enojar, pues es quien le acompaña de vez en cuando a visitar a su hermana que vive a cinco cuadras de su casa.

Este evento constituye uno de sus más fervientes anhelos, encuentros que se efectúan algunos domingos cuando la joven dispone de tiempo para llevar la abuela de ochenta y un años.

El esfuerzo valía la pena, pues su hermana dos años mayor la esperaba con la misma alegría, eran encuentros que duraban las ganas de Anita, en ocasiones la dejaba con la hermana y se iba con los amigos, esta acción se convertía en un premio para las señoras que se ponían al día en sus conversaciones, recordaban la infancia, las aventuras que les hacían revivir los tiempos de otrora, nada la hacía más feliz que aquellas horas de risas y café.

Son revitalizadores esos momentos “el encuentro entre dos personas es como una reacción química, si hay alguna química ambas se transforman”, decía Carl Jung, con sobrada razón, afirmaba este concepto, pues solo había que mirar estas dos mujeres antes y después para saber el impacto que causaba esta coalición en sus vidas, rejuvenecen, la risa era el suceso más evidenciado de los “juntes”.

Parecían adolescentes, hasta que llegó la hora de separarse, Anita aparecía y ya había que “recoger”, se separaban y se prometían en el próximo encuentro retomar la conversación “interruptus”.

Notable la tristeza que causaba la separación, Doña Lala recogía los frascos donde le había llevado dulces y algún pastel a su hermana y emprendía la marcha de regreso siguiendo a su generosa nieta que caminaba a su ritmo sin reparar en los pasos lerdos de su abuela, quien no se quejaba en ningún momento para poder repetir la escena, quizás el próximo o el próximo del próximo domingo.

Llegada a la casa su nieta entra en su habitación y la abuela prende el toca disco que data de los años setenta y coloca un disco de Roberto Ledesma, recuesta su cabeza en el sillón y comienzan a brotar sus lágrimas, mientras tararea la canción “parece que fue ayer, cuando te vi aquella tarde en primavera”.

Pasan los recuerdos por su mente añorando aquellos días en que tenía tanta vigorosidad como su nieta, repasa con la mirada cada pieza a su alcance, traída de tantos países y dice en voz alta, como asegurándose de que estas aún viva, “solo quedan los recuerdos y mi soledad”.

Esta realidad secuencial denota la tragedia, no solo de Doña Lala, que es la única persona que vive con ella misma, pues Anita vive en su mundo de juventud y sus tres hijas viven en el extranjero, por supuesto bastante ocupadas que vienen cada dos o tres años a visitarla por una semana.

Vemos con claridad que el estado de la adultez mayor, o envejecimiento es un proceso que llega y a veces no estamos tan preparados para a captar o entender que, en este punto de nuestro ciclo vital, las personas se enfrentan a diversas situaciones de fragilidad, no por voluntad propia, sino también por las decisiones de familiares, allegados y la sociedad en sentido general, quien no siempre prioriza o reconoce el estado de vulnerabilidad a los que se enfrentan estas personas.

Es impreciso saber lo que se espera, pues de un momento a otro lo que se tiene previsto puede cambiar en la voluntad ajena.

Algunos estudios señalan que las regulaciones de las emociones disminuyen en la adultez tardía, que las personas mayores presentan menor satisfacción emocional que los jóvenes, así también la moderación del afecto positivo en los procesos cognitivos y su influencia sobre la salud, en la gerontología se pierden algunos intereses por los logros de objetivos y de actividades que conllevan interacción social, ósea se va produciendo una apatía que puede conllevar al aislamiento progresivo, generalmente provocada por el entorno que constituye parte del imaginario social y colectivo, en donde existen diversas ideas erróneas acerca del envejecimiento.

Para el psicólogo Eric Erikson en sus teorías del desarrollo psicosocial, expresa que el logro mayor de la adultez tardía es el sentido de integridad del yo, o integridad del sí mismo, un logro basado en la reflexión sobre la propia vida, en donde el individuo debe aceptar su vida para aceptar la muerte y que la mayor virtud de cualquier ser humano en esta etapa, es la sabiduría, “un interés informado y desapegado por la vida, cuando se encara la propia muerte”.

Entonces, es una etapa que se debe entender como un concepto dinámico, natural e inevitable, haciéndonos responsables de que este instante de la vida debemos convertirlo en una opción de plenitud.

¡Ni nos deben, ni debemos!

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