Los sueños constituyen la armadura de quien no enfrenta la realidad

Por: Amalia Pérez Mejía

Abrió los ojos después de un sueño profundo, uno de esos sueños que mejor no despertar, de los que te mandan al fondo confortativo de la moral, estaba sumergida en la más perversa fantasía que erotizan el personaje escondido en la armadura que exige la sociedad «ética y moral», El sueño la desinhibe, rasga la sabana y se envuelve con vehemencia en cada tira colocando la cabeza hacia abajo y el sexo hacia arriba. Una postura imposible de lograr en la realidad, es la magia de los sueños, es el encuentro y la materialización de lo imposible.

Era evidente el enojo con el encuentro del claro del día que la enfrenta a la realidad, esconderse entre las sábanas y entregarse a Morfeo era la pasión más anhelada por Anita, era el único lugar donde podía ser ella y abrirse a cualquier aventura sin oprobio, había recorrido el mundo palmo a palmo y lo podría describir sin perder detalles de sus viajes, sus grandes amores habían sido también en sus quimeras.

Se convertía en una contorsionista probando diversas formas de amar, había tenido varios amores incluyendo al malvado Francis Drake, con quien practicaba la más arriesgada inventiva, fue capaz de seducir los más escépticos del amor con sus extrañas posiciones, nada la hacía más feliz que sus andanzas nocturnas con retorno a la luz del día, había adquirido el hábito de los ansiolíticos como transporte para encontrarse con sus actividades apócrifas.

“Las horas vuelan” pensaba Anita, sentía que no era suficiente las tantas horas dormidas y cuando llegaba el momento de retomar la agenda del día, se sentía plegada de culpas, sentimientos indescriptibles e inescrupulosos, el agobia de enfrentarse a la realidad que le roba el espacio para fantasear. Tenía que asumir la causa con los cánones sociales, ni un paso fuera de los límites porque te agarra la culpa y comienza la agonía de «el hombre en busca de sentido», así de simple está diseñado el ser humano, un fardo gigante traído de la prehistoria que prohíbe dar rienda suelta a la «locura», aunque solo sea en los sueños.

No había contado a nadie su intimidad, se rompía la cabeza pensando si se lo contaba a alguien, pero luego se arrepentía y razonaba diciendo para sí “cada quien vive a su manera, aunque no se pregone a los cuatro vientos”. Entonces continuaba siendo la abnegada muchacha convertida en modelo familiar por su vida exitosa en los estudios, había realizado todas los grados y postgrados que existían en las universidades de su país, ya no cabían más títulos colgando en las pálidas paredes de los techos de su casa materna.

Sin embargo, nunca se había involucrado en una relación de parejas, era una chica solitaria que iba y venía de su casa a las academias donde cursaba sus estudios, era un compromiso con la excelencia que exigía cada vez más esfuerzo. Nadie se preocupaba por comprender la desolada vida de Anita, todos celebraban con orgullo sus éxitos, excepto ella misma.

En esta situación de confusión se desestima la probabilidad de lo real y como no es claro ni verdadero, hay que estudiar algunos autores para poder llegar al conocimiento de su situación.

Los sueños según Sigmund Freud representan la realidad de un deseo del soñador, en donde afirma que la mente guarda recuerdos y emociones enterradas en la superficie de nuestro subconsciente, que se elevan a la superficie consciente durante suceden, quienes a su vez pueden despertar emociones enterradas. En su obra de “la interpretación de los sueños” el autor describe los sueños como realizaciones disfrazadas en deseos reprimidos y que la censura de estos puede producir una distorsión de su contenido.

A través del análisis de Freud se revela la actividad subconsciente de la mente que expresa, además que en cada sueño interpretado se puede encontrar un sentido a la realidad y propone que los sueños se deben visualizar como un fenómeno comprensible de nuestra vida despierta. Siendo así el deseo manifestado a través del sueño, un efecto denominado deformación onírica que se ejerce ante la imposibilidad que el sujeto posee para expresar de manera abierta su deseo.

Podría estar ocurriendo en el caso de Anita, según lo señalado por Freud, que tenga deseos reprimidos que es un concepto del psicoanálisis como un mecanismo de defensa del “yo” donde se encuentran los deseos no aceptados y que de manera inconsciente esté manifestando lo mismo. Siendo así, no tendríamos manera de demostrarlo si no se somete a los estudios correspondientes con los profesionales de la psicología autorizados.

En efecto la represión está referida al conjunto de exclusiones vividas en la infancia de manera dolorosas que en la adultez nos provocan malestar o displacer, manifestada inconscientemente en la psicosexualidad. Además de los sueños ese estado reprimido se puede expresar a través de los chistes u otros eventos para descargar los deseos incestuosos o moralmente inacentuados ante la sociedad.

Este acto nos hace abortar cualquier posibilidad de vivir plenamente en la conciencia.

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