Nos tropezamos con la coherencia en cada palabra

Por: Amalia Pérez Mejía

“El muchacho es raro, ¿no?”, dijo la señora sentada en el barcón, abanicando un cartón color Pink con aire de grandeza, mientras estiraba cada vez más el cuello haciendo un gesto de abominación y desprecio, inclino su mirada hacia el cielo y murmuro unas palabras que solo ella entendía, con una mueca se volvió a dirigir a Anita “, ¿es que tú no estás mirando? Entonces la manicurista volteo la cabeza hacia la calle, tratando de ver por entre las plantas que adornaban todo el corredor de la galería, a qué se refería su clienta, con quien llevaba más de veinte minutos intentando pintarle las uñas color purpura, pero parecía misión imposible, puesto que la “encopetada” señora no dejaba de levantarse para observar cada transeúnte que pasaba frente a su casa.

La muchacha sin prestar mucha atención continúo pasando con más firmeza la brocha por las encorvadas uñas largas que parecían garras, pero diez minutos después, cuando solo le quedaba la última pasada volvió a cruzar el muchacho, pero esta vez no se contuvo y la doña se asomó a los hierros que protegían su casa y grito, “mira como camina”, dijo con actitud provocativa, gritando cada vez más fuerte “pareces una mujer!, ¡mariquitaaaa!, volvió a su mecedero y resolló “viste como mueve la cadera”. Dios lo perdone, ese pecador, ¡misericordia para él y su familia!, ardera en el infierno, todos los “maricones” deben morir al nacer, la iglesia debe excomulgarlo y el pueblo despreciarlo.

No le basto sólo con que el al joven de diecinueve años lo escuchará, si no que se puso de nuevo de pie y bajando el único escalón que la llevaba a la calle le voceo con furia para que todo el vecindario la oyera, ¡y arderemos como Sodoma y Gomorra en este pueblo!, ¡no quedará piedra sobre piedra!, ¡ojalá te vuelvas una estatua de sal!; y señalando al muchacho con un dedo le dijo ¡se acaba la pasadera por aquí, carajo!!!, ¡tengo dos nietos, no quiero ese mal ejemplo!, entro resoplando a la casa, se puso roja como un tomate y volvió a coger su cartón Pink echándose aire con más fuerza.

Anita no sabía qué hacer, ni que decir le dio vergüenza ajena, recogió sus utensilios y los entro en su bolso de trabajo y salió disparada como un rayo de la casa de la “cristiana” señora que era la responsable de adornar el altar cada domingo a las 6:00 am, para cuando llegara la feligresía la iglesia estuviera impecable con rosas del color de la festividades o ciclos que corresponde, según el calendario litúrgico.

Ella sintió pena por aquel joven que volteo la cabeza y clavo los ojos con desprecio sobre la beata que iba religiosamente a misa. El muchacho no pronuncio palabra alguna, con un ademán de “no me importa” dando un giro brusco a su cabeza hacia el frente, reafirmando más sus pasos, continuó la marcha.

Si vemos la definición, la coherencia se define como la relación efectiva entre la concordancia existente entre la idea y la acción de una persona, cuando hablamos de un hombre o una mujer coherente, pensamos inmediatamente en alguien que posee una actitud consecuente con sus lineamientos o principios de vida. Congruentes con sus actos y efectivamente constituye una conexión entre lo que hago y lo que pienso, delante de tus derechos y los míos.

Siendo así, entonces la coherencia nos hace respetuosos de la diversidad, en donde se debe asumir desde una profunda conexión interpersonal con el otro o la otra, de manera ética que se base en cuestiones meramente humanas y esa ética tiene que ser común con el reconocimiento a las diferencias individuales. Podríamos estar hablando de la complejización de decisiones, en donde se resta valor a la opción que no cumple el binomio heterosexual hombre-mujer, concepto que puede causar en esa confusión daños irreparables en la persona y nuestra sociedad, esta confusión de la que se habla, no solo alude a la persona que él o la “normal” considera “rara”, sino también a quien pretende confundir y confundirse en una religiosidad muy mal administrada en los conceptos de la fe y de espiritualidad.

Michel Foucault en sus escritos hablaba de un tipo particular de violencia simbólica que se ejerce sobre la homosexualidad y que existen estructuras mentales que subyacen a ese tipo de violencia, si damos la vuelta y nos hacemos esta pregunta, ?alguna vez te has sentido rechazado porque eres diferente? o por saltar el convencionalismo de la “normalidad”, te aseguro que sí!, Entonces es cuando te das cuenta, si te colocas en los zapatos del joven, que la cuestión no es que seas diferente, si no en lo que entienda la otra persona por lo que es “normal”.

No pasan de ser normas sociales y todo se deconstruye, de la misma manera que se construye, la conciencia debe estar basada, además en los principios universales de los Derechos Humanos.

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